La memoria tiene juegos sorpresivos. Hace poco estaba en la casa familiar, la casa de mis padres, que tenia más de un año sin ocupación, vacía, cuando abrí la puerta de una vez vinieron los recuerdos emotivos y sensoriales. Cuantos años viví en estas paredes, todo me recuerda mi infancia, mis hermanos y por supuesto a mis padres.
Me acuerdo de los domingos, mi papá ponía tempranito canciones llaneras a todo volumen y limpiaba las jaulas de los canarios esperando la sopa que mi mamá estaba preparando para nosotros, los vecinos y los amigos.
Mi mamá nos hacia desayuno fuerte porque muchachos al fin no nos gustaba la sopa, y después, a leer la prensa, cualquier sección, la que te gustaba, y luego, a jugar. En la tarde, mi mamá hacia una torta y café con leche, entonces los varones veían la televisión y las hembras nos hacíamos tratamientos de belleza (el cabello, manicure, pedicure), planchábamos los uniformes, para estar lista para la semana.
Cuantas fechas celebradas, cumpleaños, bautizos, 15 años, matrimonios, nacimientos, navidad, fin de año y reuniones con amigos, de más………
Pero, también la memoria recordó momentos tristes, entré a las habitaciones de mis hermanos y los vi acostados y enfermos, y en la de mis padres sentí su presencia y percibí que están contentos porque yo estaba ahí.
Ahora solo queda el recuerdo de esos días, en una memoria enferma que hace juegos sorpresivos.
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