Cada día es nuevo para mi, estoy viva, tengo salud y enfrento retos como decir en la terapia el abecedario, los números y otros vocablos que para mi son difíciles por mi afasia. Ayudo y oriento a los pacientes que sufrieron ACV, cómo hacer las terapias y soy un modelo para ellos. Me reúno con mis amigos y amigas una vez al mes, no como quisiera -una vez a la semana- porque ellos están ocupados con sus trabajos, sus familias, sus parejas; pero tengo tiempo para limpiar la casa, hacer comida, para ver tiendas, comprar las cosas que necesito y las que no necesito también y para pensar en mi vida.
Sí, una vez tuve una vida, con aciertos, con desaciertos, pero tenía una vida. Ahora, tengo un sueño. Me despierto pensando que voy a hacer hoy para ser feliz.
Hago ejercicios, bailo, canto, recito, hago técnicas de relajación, me entretengo con el Internet, Facebook, Messenger, Twitter, Sónico, con casi todas las redes sociales. Eso es una terapia, pensar, redactar, escribir, usar los dedos y estar en contacto con la familia y los amigos, y conocer nuevas personas.
Mi familia esta pendiente de mí, me llama por teléfono, me mandas mensajes al celular. Mi esposo, se volvió un buen y mejor amigo, me ayuda en todo. Pero el vive en otra ciudad y nos vemos una que otra vez, para recordar los 30 años que vivimos juntos. ¿Lo extraño? A veces.
Como decía mi mamá: “Si no tienes lo que quieres, quiere lo que tienes”
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